Elogio del domingo tarde.-

A pesar de ser una frase de lo más común, voy a tomarla prestada a Jesús Terrés, en “Nada Importa”.

El libro llegó a mi por casualidad, cuando mi amiga Marta R. lo tenía sobre la mesilla de la entrada. “Parece escrito para mi”, me dijo. “En cada uno de sus capítulos siento que me está leyendo la mente”.

Y así es.

En mi caso todavía más, puesto que la dedicatoria ya es premonitoria, “Para Laura”, indica antes de la “Nota del autor”. 

Obviamente no es para mi. Laura es su mujer. O al menos así lo he deducido de su perfil de Instagram. Fotos tiernas, intensas, vibrantes. De esas que cuando las miras te dejan una sensación de dulzura, porque quien tomó la instantánea captó ese instante de cariño.

Es un libro de lo más sencillo, y a la vez intenso.

Es el libro que se lee en un domingo por la tarde, pero al acabar, tienes el impulso de volver a leer para tomar notas de cada relato.

Al menos así me ha pasado a mi, y por ello el título de este post.

Recuerdo los domingos por la tarde de mi infancia, precisamente en esta época. El tránsito de otoño al invierno. La Feria, el puente de Diciembre, y domingos de ir a recoger aceitunas al campo.

Domingos en casa de los amigos de infancia. De trepar a los árboles, de caminar por el campo aprovechando el sol de mediodía. De tardes de chimenea y palomitas. De partidas de ajedrez con mi amiga Jaione.

Porque como dice Jesús Terrés “el domingo nadie espera nada de nosotros ni el mundo exige de ti más que silencio”

Silencio.

¿Quién no añora el silencio?

Mientras escribo este post solo escucho el crepitar del fuego. Y me inspira a contar historias.

Empecé este blog con esa idea: la de contar historias. Historias de abogados.

De abogados reales, con un poquito de ficción, que luego el lector se aburre si somos muy técnicos.

Escribimos en “abogalés”·. Una especie de idioma propio, que nadie entiende y que no está al alcance de aquellos legos en leyes.

Sin embargo no he sido constante. No he publicado regularmente y eso provoca que la emoción inicial vaya reduciéndose poco a poco. ¿Quizá hasta desaparecer? Espero que no.

Desde que publiqué mi primera novela han pasado ya seis años. 

Años en los que he escrito en co-autoría un manual para la gestión de despachos profesionales, un sinfín de artículos jurídicos para blogs de otras personas, y también para mi despacho .

También he continuado con la ficción.

He escrito varios relatos cortos y llevo a la par dos novelas, que no se si llegarán a ver la luz.

¿Por qué? No sabría responderte….

Quizá porque tras probar la exposición pública que supuso la primera novela he sentido el “síndrome del impostor”. Me ruborizo por volver a exponerme públicamente y que no sea ante un tribunal.

¿Me avergüenzo de mi? No, por supuesto que no.

Pero en el mundo puedes encontrarte con enamorados de tu trabajo y aquellos que aprovechan cualquier excusa para ponerte la zancadilla.

El mundo no es amable con los que se esfuerzan.El mundo parece premiar “la ley del mínimo esfuerzo”. 

Pero tu, ¿de verdad quieres pertenecer a ese rebaño? ¿Vas a ser infiel a ti mismo y a tus valores? Yo no.

Quizá sea diferente, y en ocasiones crea no encajar en ninguna parte, pero, quiero seguir siendo fiel a mis principios, a mis valores. A esos que mis padres, sin proponérselo, pero con su ejemplo me ayudaron a integrar en mi modo de ser. Porque en la vida no eres lo que dices, eres  lo que haces. 

Quiero seguir relajándome un domingo por la tarde, junto al crepitar del fuego, mientras escucho música de fondo y leo un buen libro. Retomar aquellos clásicos que leía en el instituto, primero por obligación, ahora por devoción. Volver a leer a Kant, Hobbes y Platón. Descubrir a Salvador Macip, Byung-Chul, o Marian Rojas Estapé.

Y pensar que algún día, el propósito de un año sabático viajando por el mundo, aprendiendo de otras culturas, será posible.

Porque los domingos por la tarde nadie espera nada mi. Solo Rex, mi fiel compañero, que ya me está avisando para su paseo vespertino. 

Por cierto, ayer fue su cumpleaños. 17 años juntos.

Los domingos, el silencio, la lectura, el hogar. Eso es libertad.

Pd.- por cierto, si te interesa leer el libro “Nada importa”, del que tomé prestado el título del post, te recomiendo visitar la página de su autor, Jesús Terrés, en este ENLACE

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